Cuando hablé de la intercesión dije que mi criterio principal para llevarla a cabo era sobre todo que muriesen jóvenes habiendo malgastado su vida, entonces creí que podrían conseguir que la mía fuese lo suficientemente larga como para tener tiempo y cumplir con mi aspiración a la santidad. Por otro lado para lograr entrar plenamente en esta institución tenía que ocurrir el volver a producirse las mismas circunstancias que cuando entré por primera vez, es decir, Dios rompería el sacramento enviudando y yo volvería a dar clases. Uno de los signos que el Señor me puso fue que en esta ciudad no había misioneros masculinos sino femeninos, entonces comprendí que no iban por ahí sus designios, pero claro la duda y frustración por no saber por donde iba a ir mi vida, era algo bastante insufrible. Fue cerca de la Semana Santa del año pasado cuando mi hija me propuso este blog, dando comienzo a lo que iba a ser la situación actual de curación casi total no sin antes transcurrir unos siete meses hasta el descubrimiento, por inspiración del Espíritu Santo del segundo milagro más importante de la cristiandad que fue el de la mal llamada resurrección de Lázaro. Indudablemente es ahora cuando empiezo a ver las cosas más claras aunque no sea de forma total. No sería sincero si negara que aún siento cierto temor a la muerte ya que el referente de la purificación de ese minuto y medio antes de recibir el don de la fe no hay quien me lo quite. Actualmente pienso que no es tan fiero el león como lo veía antes porque habiendo tenido la manifestación espiritual placentera de la voluntad del alma, ésta contrarrestaría el sufrimiento purificativo del alma-espíritu así como la intercesión desconocida de nuestros seres queridos una vez haya partido. También recapacito en que el sufrimiento espiritual y físico de la pasión del Señor no ha sido ni mucho menos baldío porque todas las gracias recibidas han partido de aquí, de la Semana Santa, de esta conmemoración tan importante para la cristiandad, sin olvidar por supuesto a los que aspiran a la santidad por medio de la institución religiosa que la Iglesia llama de mayor compromiso y que yo la califico como de entrega total. En mi vida no descarto nada, ni siquiera el estar con los que aspiran a la santidad, mientras hay vida hay esperanza. Escudriñar en el milagro de la resurrección de Jesucristo es algo que ni me planteo porque todas estas verdades las recibiré a su debido tiempo.
La confesión la veo ahora como un hecho que se puede dar en el hipotético caso de que no pudiese interceder a través de un familiar por el alma de alguien allegado a mi, entonces sería yo el que intercediera directamente confesándome, como si hubiera que arrepentirse aun de lo que no considerara pecado porque el amor a nuestros familiares cuando han partido está por encioma de todo hasta de cualquier opinión meramente personal. Tantas incongruencias me vienen a la cabeza de la Iglesia en la que yo viví que prefiero no comentar nada. Ya lo dijo el verdadero santo que vivio en dos siglos que todo sería una tradición, al tener nada más de referente la moral de salvarse o no, pero me consta que ya hay algunos sacerdotes que han comprendido el mensaje de Cristo de ser santos como vuestro Padre celestial es santo,es aquí donde está la puerta estrecha, cuando les contesta a los discípulos a la pregunta de si son muchos o pocos los que se salvan . Él no va a recomendar algo que sea imposible, aunque sin duda es dificil. Nada me es congruente si tengo solo en cuenta que la pasión del Señor se dio para conseguirnos una mera salvación y ésta la admite la Iglesia porque considera que es imposible ser santos aquí. Este razonamiento lo oía yo a algún sacerdote en alguna homilía, expresándose en estos términos: Como no se puede ser santo (en esta vida) entonces dedujo que vino a salvarnos.
Aprovecho esta gran conmemoración de la cristiandad para manifestarles mi propósito firme de confiar en la bienaventuranza que nos dice: bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia. Este tiene que ser mi norte siempre y para lo demás un tupido velo. Ahora recuerdo la conversación con mi hermana cuando le hablé sobre cuantas almas podíamos interceder a diario, cuando pedimos por todas, evidentemente la contestación es indeterminado, incontable, planteadas asi las cosas el temor bajo mínimos.
Recuerdo para terminar con un poco de humor que hay un compañero que siempre dice de broma que no va a la iglesia porque tiene el sagrario en casa, su mujer evidentemente se llama Sagrario y por supuesto siempre van juntos a todos los sitios y con más de treinta años de matrimonio. Cuando ella me dice que no hay nada yo me callo incluso ahora que sé lo de las potencias del alma porque si ella es feliz asi para que voy a andar desvelando algo que ni siquiera comprendo yo. La salvación de ella y mía y de mi familia garantizadas, yo me atrevo a decir que la de casi todos y este pronombre indefinido es muy poco significativo.
La confesión la veo ahora como un hecho que se puede dar en el hipotético caso de que no pudiese interceder a través de un familiar por el alma de alguien allegado a mi, entonces sería yo el que intercediera directamente confesándome, como si hubiera que arrepentirse aun de lo que no considerara pecado porque el amor a nuestros familiares cuando han partido está por encioma de todo hasta de cualquier opinión meramente personal. Tantas incongruencias me vienen a la cabeza de la Iglesia en la que yo viví que prefiero no comentar nada. Ya lo dijo el verdadero santo que vivio en dos siglos que todo sería una tradición, al tener nada más de referente la moral de salvarse o no, pero me consta que ya hay algunos sacerdotes que han comprendido el mensaje de Cristo de ser santos como vuestro Padre celestial es santo,es aquí donde está la puerta estrecha, cuando les contesta a los discípulos a la pregunta de si son muchos o pocos los que se salvan . Él no va a recomendar algo que sea imposible, aunque sin duda es dificil. Nada me es congruente si tengo solo en cuenta que la pasión del Señor se dio para conseguirnos una mera salvación y ésta la admite la Iglesia porque considera que es imposible ser santos aquí. Este razonamiento lo oía yo a algún sacerdote en alguna homilía, expresándose en estos términos: Como no se puede ser santo (en esta vida) entonces dedujo que vino a salvarnos.
Aprovecho esta gran conmemoración de la cristiandad para manifestarles mi propósito firme de confiar en la bienaventuranza que nos dice: bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia. Este tiene que ser mi norte siempre y para lo demás un tupido velo. Ahora recuerdo la conversación con mi hermana cuando le hablé sobre cuantas almas podíamos interceder a diario, cuando pedimos por todas, evidentemente la contestación es indeterminado, incontable, planteadas asi las cosas el temor bajo mínimos.
Recuerdo para terminar con un poco de humor que hay un compañero que siempre dice de broma que no va a la iglesia porque tiene el sagrario en casa, su mujer evidentemente se llama Sagrario y por supuesto siempre van juntos a todos los sitios y con más de treinta años de matrimonio. Cuando ella me dice que no hay nada yo me callo incluso ahora que sé lo de las potencias del alma porque si ella es feliz asi para que voy a andar desvelando algo que ni siquiera comprendo yo. La salvación de ella y mía y de mi familia garantizadas, yo me atrevo a decir que la de casi todos y este pronombre indefinido es muy poco significativo.
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